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Y así llegamos a la tercera y última parte de esta serie sobre astrología.
En esta entrada sí voy a contarte por qué, aunque me apasiona y me sorprende su precisión, en el fondo no creo realmente en la astrología.
La tensión entre escepticismo y asombro
Siempre me consideré bastante escéptica. Durante gran parte de mi estudio me mantuve muy crítica. Parecía que cuando algo no podía explicarse con las herramientas astrológicas que ya conocía, siempre aparecía otra más sofisticada: progresiones secundarias, derivadas, arco solar… y un sinfín de técnicas que hacen sentir al aprendiz que el camino nunca se acaba y que la maestría está siempre más allá. (Si es que existe tal cosa como ser experto en algo, en un mundo en cambio constante).
Y, sin embargo, lo paradójico es que esas técnicas, que al principio parecen un rebusque, terminan siendo increíblemente precisas.

"No creo en la astrología; soy sagitario, y somos escépticos" - Arthur C. Clarke
La precesión de los equinoccios
Este concepto con nombre difícil es uno de los principales argumentos de los astrónomos para desestimar a la astrología.
El año astrológico comienza alrededor del 21 de marzo, en el inicio del signo de Aries. Pero ¿qué significa realmente “signo”?
Si alguna vez miraste las estrellas con alguna aplicación o con un astrónomo, quizá pensaste lo mismo que yo: que los antiguos se fumaron algo cuando nombraron las constelaciones, o que a nosotros, los contemporáneos nos falta imaginación para ver un carnero, un león o un escorpión en esas agrupaciones de estrellas. Y tal vez sea eso: pura imaginación humana intentando dar sentido a lo que veía.

Constelaciones - Imagen generada con AI
Lo cierto es que esas figuras están en la eclíptica, la franja del cielo por donde vemos pasar desde la Tierra al Sol, la Luna y los planetas. Las constelaciones están fijas, pero los cuerpos celestes se mueven y recorren, cada uno a su ritmo, esas constelaciones.
Así, cuando el Sol pasaba por la constelación de Aries alrededor del 21 de marzo, los astrólogos decían que empezaba el año astrológico. Acá ya arrancamos mal. El problema es que eso sucedía… hace casi 2000 años. Hoy, en esa misma fecha, el Sol ya no está en Aries, sino en Piscis. Y ahí tienen razón los astrónomos: ven que la astrología es un verso?
La explicación está en la precesión de los equinoccios.
El eje de rotación de la Tierra no es completamente estable: se bambolea, como un trompo que gira y poco a poco se va inclinando. Ese movimiento lento hace que, visto desde la Tierra, el punto del cielo en el que ocurre el equinoccio se desplace. Ese punto específico se llama punto vernal o “cero de Aries”, y es la referencia sobre la que se construye el zodíaco astrológico.

Precesión de los equinoccios - fuente: Comunidad astronómica Chile.
El ciclo completo de este bamboleo dura unos 25.800 años, lo que implica que aproximadamente cada 2.160 años el Sol “retrocede” un signo en los equinoccios. Por eso hoy, en marzo, ya no entra en Aries sino en Piscis, y en algún momento —dentro de unos siglos— lo hará en Acuario.
Este cambio es lo que llamamos las Eras astrológicas: la humanidad está saliendo de la Era de Piscis y entrando en la de Acuario.

Cambio de eras astrologícas - imagen generada con AI
Entonces, ¿todo es un error?
Si tomamos las constelaciones literalmente, sí: sería absurdo seguir llamando Aries a alguien nacido a fines de marzo.
Pero lo que yo entendí en el camino es que las constelaciones no son los signos.
Es más lógico pensar que los antiguos, mucho más entrenados en observar los ciclos porque su supervivencia dependía de ello, percibieron ciertas cualidades en cada momento del año. Para tener una referencia crearon figuras en el cielo y las asociaron con esas energías. Lo importante nunca fue la constelación en sí, sino el tiempo del ciclo vital que representaba.

Zodíaco - "Astrology. The library of Esoterica"
Por ejemplo:
- Aries, al comienzo de la primavera en el hemisferio norte, simboliza el brote que irrumpe con fuerza después del invierno.
- Piscis, al final del ciclo, evoca la disolución y la entrega antes de un nuevo inicio.
Los signos, al fin y al cabo, son arquetipos. La invitación de la astrología es esa: recordarnos que somos parte de la naturaleza y que podemos volver a fluir con sus ritmos.

Observación de estrellas en la antigüedad - Imagen generada con AI
Entonces, ¿por qué digo que no creo en la astrología?
Porque descubrí que la astrología no es una verdad objetiva sobre el universo, sino una herramienta simbólica.
En el estudio hay mucha teoría, pero lo esencial fue entrenar la sensibilidad: aprender a captar texturas, atmósferas, energías. Eso sucede cuando apagamos la mente racional y dejamos que el lenguaje del cielo nos atraviese.
Para mí, los planetas nos influyen porque somos parte de la misma trama, hechos de la misma sustancia y funcionando en el mismo entramado. El orden interno es espejo del orden celeste… o tal vez al revés, ya que tendemos a imaginar constelaciones en base a lo que conocemos… o incluso divinidades a imagen y semejanza nuestra.
Pero volviendo al ejemplo de Aries en el hemisferio norte, surge la pregunta: ¿y en el sur? Y ahí entendemos que lo importante no es la técnica en sí, sino la profundidad con la que nos ayuda a transitar el camino. Entonces, ¿qué sentido tiene ponerse inquisidor con la técnica, si no es más que una carcasa estructural?

“Nacemos en un momento y en un lugar determinados y, al igual que los vinos de una cosecha, tenemos las cualidades del año y de la estación en que nacemos.” — Carl G. Jung
Acariciar el misterio
Hoy pienso que la astrología es solo una herramienta para poder captar, así sea un poco, del gran misterio que subyace atrás de todo lo que conocemos. Quizás la más atractiva para mentes estudiosas y racionales, como la mía, para justificar acceder a un pedacito de lo invisible.
Existen infinitas sendas, cada una con su lenguaje, cada una con sus metáforas. La información es la misma, el canal varía. Todas apuntan al mismo lugar: volver a recordar que somos parte del todo y resonar con una manera de acceder a fragmentos de este misterio.
Me viene a la mente la frase de Miguel Ángel:
"Yo veía al ángel en el mármol y sólo tallaba para liberarlo."
Siento que el misterio es ese ángel: está ahí, latente. Somos parte de él. La técnica —sea la astrología, el arte o cualquier otro camino— es solo la excusa para tallar y liberar fragmentos de esa conexión. La técnica no importa, es sólo un camino para re-establecer la conexión. Y, en última instancia, ni siquiera controlamos qué parte se revela: aparece lo que necesitamos en ese momento.

"Yo veía al ángel en el mármol y sólo tallaba para liberarlo" - Miguel Ángel
Al final nunca fue la astrología… Por lo que nuestra verdadera tarea no es creer, ni estudiar mucho… sino entrenarnos en re-establecer nuestra conexión con el todo. Por eso no creo en la astrologia, o si? Al final la técnica, el método, es indiferente.
Tal vez lo que vivimos en este tiempo sea un cambio de paradigma: del positivismo científico, que busca leyes exactas, a una visión más metafísica, que acepta lo invisible y lo simbólico como parte de la experiencia humana. No se trata de abandonar la ciencia, sino de reconocer que no todo cabe en sus fórmulas.
Podemos no creer en la astrología, pero… e pur si muove.

"Y sin embargo... se mueve" - Frase atribuida a Galileo Galilei